
Todas las encuestas señalan, las serias y las no tanto, que cerca del 70% de los chilenos aprueba la gestión de Bachelet. Se hacen comparaciones históricas, se mira hacia otros países, se destaca el manejo de la crisis económica, el hecho de ser mujer, el éxito del "gobierno ciudadano”. Pero cuando se empieza a hablar de “Bachelet 2014”, se revela un error en los análisis políticos, puesto que los factores en juego son sumamente variados, poco predecibles y escasamente manejables.
Pero el "cortoplacismo" no es el único error que existe en la "opinología" política, también se manifiesta otro error en el enfoque que se le da a la popularidad de la Presidenta Bachelet, creyendo que el caudal de apoyo que ella posee es un "bien transable", como si bastara que los candidatos a diputado aparezcan en las fotos con ella para entrar al parlamento, como si ella dijera "voten por Mauricio Pinilla" y mañana el "futbolista" apareciera punteando en la CEP.
El fenómeno de Bachelet tiene un problema fundamental, da lo mismo un 70% de popularidad si se sustenta en una sola persona, da lo mismo mientras la Concertación supera exigüamente el 20%, da exactamente lo mismo porque ese apoyo es demasiado frágil como para sostenerse en el tiempo por si mismo, muchísimo menos como para ser traspasado.
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